Comentario sobre la novela Memorias de un asesino en serie
Por Helios Murialdo
Disponible en PlazadeLetras.cl
Cuando una mosca me molesta, tan pronto se posa en una superficie adecuada, agarro el matamoscas y sin contemplación le propino un raquetazo mortal. No pienso en el sufrimiento que le inflijo durante las décimas de segundo que dura su agonía. Si extrapolamos antropológicamente, podríamos suponer que la mosca es consciente de su existencia y, por lo tanto, en el trance hacia la muerte lamentaría la privación de su vida. Yo tampoco me detengo a ponderar esto. Es decir, soy un sicópata. Un tanto inocuo, lo acepto; después de todo se trata sólo de un insecto.

En la mente del narrador de Memorias de un asesino en serie tampoco tienen cabida consideraciones sentimentales y filosóficas acerca de sus víctimas, en este caso personas. Para él, son como para mí las moscas. Si ellas molestan en algo, no queda más que deshacerse de ellas. En el acto de eliminar ―asesinar― el personaje se libera; encuentra su bienestar.
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